Declaración de intenciones

Poliloquo es para intentar hablar de mucho (pero siempre de comunicación) y para hablar, especiamente (pero no sólo) de comunicación política y de periodismo y politica.  Ese prefijo poli también pretende que no suponga un soliloquio y, por tanto, un somniloquio.

La intención también es no renunciar a lo que en principio -y por azares políticos, precisamente- este blog fue cuando se llamó Almériz 2.0

Porque en ese inicio, este blog versó sobre comunicación 360º o comunicación integrada. Esta fue su primera declaración.

Si Marshal McLuhan se hubiera llamado Pepito Pérez probablemente hubiera formulado su archisobado –y no por ello menos afortunado- paradigma comunicativo como “el bar global”. O tal vez el “mentidero global” o el “carasol global”. En todo caso, el pequeño lugar donde tiene lugar la comunicación, el intercambio de mensajes sobre lo importante y lo banal;  sobre el cotilleo y la información; sobre lo privado y lo público en todas las escalas del grises.

El lugar de la conversación con mayor o menor trascendencia.

Internet ha actualizado el discurso de la aldea global/bar global hasta desbordar cualquier límite posible. Tanto que en ocasiones nuestras relaciones online se hacen incontrolables o más aún ingobernables más allá del  “número de Dunbar” y desbordando tal vez la teoría de los seis grados de separación.

Es entonces cuando pisamos la frontera que separa lo real de lo virtual o cuando tal vez cruzamos el umbral hacia realidades paralelas que coexisten con la vida offline.

En 2001, en una de las numerosas y fabulosas contras, la Vanguardia publicó una entrevista al sociólogo Dominique Wang en el que negaba que internet fuera un factor de cambio social. Cualquier previsión parece haber sido superada.

“Basta ya de internet, volvamos a los bares”. Eran los tiempos de la universalización de internet, de la unidireccionalidad de la red sometida todavía a las teorías clásicas de la comunicación emisor/mensaje/receptor enriquecidas con la potencia tecnológica en las vertientes de la teoría del Feedback (reducida la participación al email o los foros) o del guardabarreras  (cuando el emisor todavía controlaba los mensajes).

Ya hemos regresado al bar y lo hemos hecho en la globalidad 2.0 que desborda cualquier barrera y que convierte la retroalimentación en el centro de la comunicación.  Ahí van a buscarnos nuestros amigos pero también las marcas y los políticos.

Ahí, en la plaza pública o junto a la terraza de su bar, montaban sus puestos nuestros abuelos para ejercer su márquetin particular: la promoción y venta directa, sin canales, de sus productos agrícolas o artesanos o la recepción del encargo para la customización de sus productos.

Al final nada hay nuevo bajo el sol. Teníamos los bares o las plazas y a ellas hemos regresado tras décadas de comunicación de masas mediatizada.

Por lo mismo que el Twit ya lo ejerció Ramón Gómez de la Serna en forma de greguerías.

La web 2.0 es conversacional y creativa:

Y si los clásicos buscaron la piedra filosofal, hemos regresado a la misma ansia, la de encontrar la fórmula que nos devuelva la iniciativa en el márquetin. Reconozcámoslo: Buscamos llevar la iniciativa en la conversación y poder volver a hablar de nuestras marcas (personales o comerciales) por nosotros mismos y no que nuestro yo social sea el que relatan de nosotros.

Y en este desconcierto nos hallamos, voviéndonos locos:

Buscamos la clave para que en nuestro timeline llevemos la iniciativa y no lo hagan nuestros consumidores, usuarios, clientes o audiencias. Porque hemos perdido la iniciativa y en el bar global todos somos iguales.

Las dudas también han sido pregonadas en nuestro espacio público: la saturación de mensajes, la debilidad de las relaciones sociales 2.0, el refugio de la protesta para la acción, la mediatización de las relaciones que impide un desarrollo personal basado en la alteridad, el desbordamiento de los límites de la privacidad e incluso de la intimidad.

Pero las herramientas siempre estarán sometidas al albedrío de las personas y su capacidad responsable.

Me sumo –y regreso a los clásicos- a mi paisano Baltasar Gracián: “Antes loco con todos que cuerdo a solas” y explica:  “Que si todos los son, con ninguno perderá; y si es sola la cordura, será tenida por locura”. Loco con todos en la web 2.0.

Este post fue publicado originalmente en el blog del Máster de RRPP y Gabinetes de Comunicación de la UAB.

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