Una mala noche

Cuando se fía la promoción a una empresa de trabajo temporal, algo en principio ni bueno ni malo, puede suceder lo siguiente:

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Que el precio recaiga en un filme que habla de explotación laboral.

Estrategia reventada.

Es un riesgo. Pero lo es más, porque va a ocurrir, que el engrendro resulte cutre: los presentadores con el logo de la empresa patrocinadora de los Goya. Nada del habitual patrocinio por inserción publicidad estratégica en las zonas de fotografías y declaraciones de los premiados. En la propia gala.

Sorprendente, aunque quizá se haya matizado el efecto por el desastre general de la gala. Es incoprensible la pobreza del guión del presentador y de los números cuando se habla de una gala de cine.

Y es incomprensible como los protagonistas del acontecimiento pretenden recuperar largando mítines, que no es sino una forma de hablar de uno mismo en lugar de su trabajo, la razón por la que ha llegado ahí. Y no es lo mismo hablar de uno mismo (a fin de cuentas al público le importa una higa) que del trabajo (anque sea pasar por maquillaje) , que es por lo que uno paga una entrada en taquilla.

Podría argüirse que el mitin forma parte de la marca personal.

No digo que no.

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Me pasan estos dos enlaces en los que se explica el por qué de los logos:

http://www.adecco.es/_data/NotasPrensa/pdf/526.pdf

http://www.adecco.es/_data/NotasPrensa/pdf/538.pdf

Item más: una herramienta promocional errada, porque el mensaje no ha llegado a sus destinatarios: el público televisivo.

Respecto a la gala, enlazo este artículo de Carlos Boyero, un crítico que me gusta hasta cuando discrepo. Y no es el caso.

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