La campaña, a bote pronto

Con un criterio resultadista, estaríamos obligados a medir el éxito de las campañas electorales (su planificación e implementación) únicamente en función de los resultados. Sería un punto de vista que nos ofrecería una estrecha perspectiva. No sólo las campañas influyen en el voto. Si nos atenemos a algunos estudios sociológicos, serían un factor influencia contenida. Por ejemplo, el equipo “Piedras de Papel” (en el conocido libro “Aragón es nuestro Ohio) sostiene que el efecto fundamental consiste en el  refuerzo de la opción de voto.

La gestión en el gobierno o la oposición, el papel de los medios de comunicación, la percepción de los votantes (y sus prejuicios) acerca de los líderes o los partidos, el entorno del votante, factores externos como inopinados acontecimientos de gran envergadura pueden influir decisivamente, por sí mismos o en conjunto, en la opción de voto.

Por tanto, no sería adecuado (ni tampoco justo) que unas someras conclusiones sobre la campaña recién concluida estuvieran condicionadas por el resultado final o por la valoración de éste respecto de las encuestas electorales. Este segundo es un factor que está condicionando decisivamente la valoración de los resultados de los partidos. Y tampoco me parece ajustado a la realidad.

Mi compendio de la campaña, por candidatos, queda aquí, a expensas de un desarrollo algo más pormenorizado.

  • Mariano Rajoy: Sin estridencias y en la línea de su grisura comunicativa, ha mejorado en cercanía (le ha costado una agresión), expresividad y dosis de humor (su tuit de las gafas galácticas ha sido el más retuiteado de la campaña) Errores mínimos. Considero un acierto táctico no acudir al debate a cuatro. Decepcionante cara a cara con Pedro Sánchez. Ni fu ni fa. Sigue fallando en la narrativa (¡ay, el monocorde discurso económico!) un problema que contamina al partido en conjunto.
  • Pedro Sánchez: También ni frío ni calor. Otro político (y partido) con problemas de narrativa (demasiada mirad atrás, exceso de voy a derogarlo todo) Flojo en el debate a cuatro; tácticamente airado en el cara a cara hasta la grosería, se salvó porque la respuesta de su rival no estuvo a la altura que hubiera sido deseable. Transmite una cierta sensación de engreimiento que le resta credibilidad.
  • Pablo Iglesias: Fenomenal campaña. Comenzó casi a la desesperada y le ha dado resultados no sólo para consolidar un voto que (según encuestas) perdía, sino para dar la sensación de llevar incluso la iniciativa -en una prolongación de la campaña- en el periodo postectoral. Con las ideas claras, convencido y convincente hasta en la mentira o los errores. Fiel a su estilo. El mejor desde el punto de vista comunicativo (que no ganador; es otra cuestión en la que nmi entro ni salgo) del debate a cuatro. En Iglesias, parecer ensoberbecido no es un problema porque es el efecto de su estudiada imagen de pendenciero político.
  • Albert Rivera: Decepcionante. Ha enseñado demasiado las costuras del traje: falto de su habitual seguridad, nervioso y desubicado en el debate a cuatro, ambiguo y con algún (posible) error grave en la recta final. Su partido, como Podemos, centró en el candidato buena parte de su campaña pero no ha estado a la altura de las expectativas.
  • Alberto Garzón: Excelente campaña, especialmente por el enorme mérito que le otorgan las condiciones en las que ha trabajado. Apeado de los debates, arrojado al olvido de las televisiones, ha tenido que luchar para algo tan básico como dar visibilidad a su candidatura. Extraordinaria la campaña en redes, con tuits para recordar como #enlacuevadeGarzón o #Garzoners.

 

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Esto no pasa en España: Obama responderá a preguntas de los ciudadanos en Google +

Obama Hangout Road Trip

Lo de menos es la herramienta. En este caso Google + y sus hangouts o quedadas. Lo importante es el gesto, que se me antoja imposible en España. No me imagino a Rajoy (o sus contrarios) en este cometido: el presidente Obama responderá a preguntas formulas por los ciudadanos.

El próximo martes pronuncia su anual discurso sobre el estado de la Unión ante las dos cámaras legislativas de los Estados Unidos. Y el viernes 31, responderá a preguntas de los ciudadanos en lo que se ha denominado como “Presidential Hangout Road Trip”.

Google ha publicado en su blog las condiciones de participación. Tan sencillas como estas: Grabar un video de un minuto, aproximadamente, con alguna referencia personal y la pregunta. Subir el vídeo a Youtube o Google + con el hashtag o etiqueta #AskObama2014.

 

¿Esclavos de la libertad absoluta?

Datos de transparencia de Google. Publicados en su blog.

Google recibió en el primer semestre del año 647 peticiones de gobiernos (sin especificar) para que informara sobre actividad de usuarios. La compañía ya advertido en su blog de que el número hace referencia a las peticiones que puede reconocer. En el 55 % de los casos se produjo un informe con datos sobre los usuarios.

España se sitúa entre los diez paíes con más peticiones de información. Por encima, están los Estados Unidos, La India, Alemania, Francia, el Reino Unido e Italia. Por debajo, Australia y Polonia.

Google apunta también que desde 2009, año en el que comenzó a aportar datos sobre peticiones de información de gobiernos, el número de solicitudes se ha triplicado.

Aquí se puede acceder al último informe: http://www.google.com/transparencyreport/userdatarequests/

El caso es que Google mantiene activo lo que denomina un informe de transparencia en el que puede accederse a datos generales -pero incompletos, como queda dicho- sobre solicitudes de gobiernos tanto de retirada de contenidos como de usuarios así como peticiones que atañen al derecho a la propiedad intelectual.

El espionaje es tan antiguo como la humanidad. Es un argumento utilizado para pasar por encima de la polémica despertada con las revelaciones sobre la complacencia de las empresas tecnológicas con los gobiernos.

Quien no comete delito alguno nada tiene que temer. Es otro, habitual también para apoyar legislaciones restrictivas de la libertad.

El usuario puede controlar lo que sube a internet.

En los aeropuertos se cometen violaciones de la intimidad. Se añade también.

Nada parece que podamos hacer ya sin internet y sin las herramientas con la que nos hemos acostumbrado a trabajar. ¿Nos tampamos los ojos, los oídos y la nariz? ¿Es conveniente hacerse el sueco? ¿Hay alternativa?

En mi caso, la reacción es bastante más relajada que la que tengo cada vez que afronto una cola en un aeropuerto, por ejemplo.

¿Hasta tal punto estamos abducidos por internet que hasta domeña fácilmente nuestras reacciones?

Tal vez seamos esclavos de la libertad absoluta que (proclamamos alegremente) es internet.